Me cuesta hablar de ti, pero más me cuesta escribir. He estado esperando el momento indicado para desahogarme y despedirme a través de un texto. Para poder contarles a todos los que leen este blog, que mi compañero fiel, mi mejor amigo, mi hijo, mi hermano, el gran Otto se fue al cielo y a lo más profundo de mi corazón.
Nunca quise averiguar cómo fue tu muerte porque me duele hasta el infinito. Me duele imaginarte tirado en una calle viendo a mi hermana tomándote y tratando de revivirte. No quiero saber nunca los detalles y no quiero culpar a nadie.
¿Sabes por qué? Porque tú me hiciste una persona feliz. Desde que llegaste a mi vida comenzó mi felicidad y me hiciste una mujer sincera. Eras un perro, lo sé. Pero tu amor era tan real y hermoso que de verdad me convertiste en otra persona. Y por eso no quiero hablar desde la pena de perderte, sino de la alegría de haberte tenido. Porque eras (eres) un animal de otro mundo. Tus manos, tus ojos, tu guata, tus pies, tu ombligo, todo me invitaba a amarte y hacerte cariño constante. Siempre quería llegar a la casa y verte porque me recibías con tanto amor. Eras increíble porque sabías cuando era yo y bajabas corriendo las escaleras para tirarte encima mío, no respetando nada. Porque quizás sabías que había poco tiempo y me aprovechaste tanto como yo a ti.
Te quiero agradecer cada paseo que tuvimos juntos, cada foto y cada instante que me esperabas sentado en mi cama, mirándome tapado con alguno de mis chalecos, ¡Llenándolos de pelo! esos pelos que aún están por toda la casa y que no quiero que se vayan nunca. Por escucharme con atención, por mirarme mientras yo fumaba y te hablaba o cuando bailaba. Te cargaba cuando bailaba pero igual te quedabas mirándome.
Eras tan especial, que justo un día antes de tu muerte, yo te tatué en mi brazo, porque en serio te quería por siempre para mí, pero ahora me siento egoísta de pensar así. Tú mereces ser parte del mundo entero y entregar ese amor a cualquier otra persona, porque estoy segura Otto que ya estás viviendo en otro ser, encaminando a los que te tocaron como compañeros, por el camino de la felicidad.
Cuando supe de tu muerte me pregunte ¿Qué me quiere enseñar la vida? Que la crueldad es parte de vivir?, que no tengo que amar tanto?... Y fui tonta y me refugié en el silencio y ahora entre lágrimas quiero gritar que la vida me enseño con tu partida a amar más fuerte y con más ganas. A que nada me de vergüenza y a entregarme 100% A decir que no, a decir no quiero y a decir te quiero.
Con amor incondicional, tu compañera, hermana, mamá, amiga, hija... Que no te olvida.
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