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19 ago 2015

Soy un perro


Vi a un montón de gente reunida a la salida del metro. La mayoría eran mujeres con caras descompuestas pidiendo ayuda casi en silencio. Cuando bajé la vista, vi a un perro de tamaño mediano, café claro, pelo duro y corto, con el hocico a medio cerrar, sangre y los ojos abiertos. De cobarde corrí la vista y aceleré el paso. No quería ver ni saber si estaba muerto. No quería por nada enterarme de qué le había pasado. Corrí al andén con la vista nublada y el cuerpo dolido, como si ese cachorro hubiera sido mío alguna vez. Me quedé con la angustia. Quería llegar a casa y estar con la Viernes, ver las fotos del Otto y llorar. Pero me encontré con mi hermana que llevaba a un perro muy parecido al Otto, pero más viejo y tranquilo. Igual de gordo, con esa mirada de amor absoluta. Luego me encontré con mi tatuaje del Otto, la magia de esa marca en mi brazo que durará infinito me pudo ayudo a reponer el sentimiento. Y luego, haciendo la tarea de taller, me topo con la palabra "perito" refiriéndose a un tipo de la PDI, pero yo lo asocié de inmediato al apodo que me decía mi ex y luego el apodo que me dice la Feña "peyito". Es que yo soy un perro y lo vine a descubrir hoy. 
Nunca me he caracterizado por ayudar mucho en la lucha de los animales abandonados y menos maltratados, pero soy de las que no le temen a los perros, ni por muy grandes ni por muy desconocidos. Nunca me ha mordido uno, nunca he odiado a ninguno. Nuestra relación siempre se ha basado en amor. Y sufro como nunca cuando veo, escuchó o me entero de alguna mala noticia sobre ellos, siempre me han retorcido las noticias cureles de animales, no así la de los humanos. 
Y sí, soy un perro. Huelo todo. Amo dormir al sol. Amo pasear y conversar con desconocidos. Defiendo a mi manada, me enamoro fácilmente y me entregó con un simple cariño. Detecto a las malas personas y perdonó fácil.
Al igual que los perros, mi motor es la felicidad. Soy un quiltro que puede caminar cuadras infinitas sin sentir fatiga o aburrimiento. Que se contenta con poco y disfruta de la soledad. 
Tanta conexión no es por nada. Hoy descubrí que soy un perro y que mi horóscopo chino nunca me dijo la verdad.

V.

24 may 2015

Otto.

Me cuesta hablar de ti, pero más me cuesta escribir. He estado esperando el momento indicado para desahogarme y despedirme a través de un texto. Para poder contarles a todos los que leen este blog, que mi compañero fiel, mi mejor amigo, mi hijo, mi hermano, el gran Otto se fue al cielo y a lo más profundo de mi corazón.
Nunca quise averiguar cómo fue tu muerte porque me duele hasta el infinito. Me duele imaginarte tirado en una calle viendo a mi hermana tomándote y tratando de revivirte. No quiero saber nunca los detalles y no quiero culpar a nadie.

¿Sabes por qué? Porque tú me hiciste una persona feliz. Desde que llegaste a mi vida comenzó mi felicidad y me hiciste una mujer sincera. Eras un perro, lo sé. Pero tu amor era tan real y hermoso que de verdad me convertiste en otra persona. Y por eso no quiero hablar desde la pena de perderte, sino de la alegría de haberte tenido. Porque eras (eres) un animal de otro mundo. Tus manos, tus ojos, tu guata, tus pies, tu ombligo, todo me invitaba a amarte y hacerte cariño constante. Siempre quería llegar a la casa y verte porque me recibías con tanto amor. Eras increíble porque sabías cuando era yo y bajabas corriendo las escaleras para tirarte encima mío, no respetando nada. Porque quizás sabías que había poco tiempo y me aprovechaste tanto como yo a ti. 

Te quiero agradecer cada paseo que tuvimos juntos, cada foto y cada instante que me esperabas sentado en mi cama, mirándome tapado con alguno de mis chalecos, ¡Llenándolos de pelo! esos pelos que aún están por toda la casa y que no quiero que se vayan nunca. Por escucharme con atención, por mirarme mientras yo fumaba y te hablaba o cuando bailaba. Te cargaba cuando bailaba pero igual te quedabas mirándome. 
Eras tan especial, que justo un día antes de tu muerte, yo te tatué en mi brazo, porque en serio te quería por siempre para mí, pero ahora me siento egoísta de pensar así. Tú mereces ser parte del mundo entero y entregar ese amor a cualquier otra persona, porque estoy segura Otto que ya estás viviendo en otro ser, encaminando a los que te tocaron como compañeros, por el camino de la felicidad. 

Cuando supe de tu muerte me pregunte ¿Qué me quiere enseñar la vida? Que la crueldad es parte de vivir?, que no tengo que amar tanto?... Y fui tonta y me refugié en el silencio y ahora entre lágrimas quiero gritar que la vida me enseño con  tu partida a amar más fuerte y con más ganas. A que nada me de vergüenza y a entregarme 100% A decir que no, a decir no quiero y a decir te quiero. 

Con amor incondicional, tu compañera, hermana, mamá, amiga, hija... Que no te olvida.