Primero pensamos que podían ser duendes. Hubo una pelea trágica dentro de la familia, por quien se lo había llevado. trajimos a un cura amigo de mi hermano, a la monja que nos vende flores, a una Machi que nadie sabe de donde apareció. Hasta pensamos en la psíquica de Chimbarongo, pero mejor y más barato fue la sal que pusimos en los recovecos de la casa. ¿Cleptomanía en la familia? A esta altura no lo dudaría. No hay explicación para que el pañuelo de la bisabuela desapareciera de esa forma y con esa sentencia me quedo tranquilo. Porque nadie dudará de mí, tampoco de mis juegos nocturnos y mis bailes hilarantes en medio del escenario de Príncipe Club, con el pañuelo floreado de la difunta.
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