En mi puesto siempre hay un pinche negro. En mi cama, en mi velador y por donde usted mire, también encontrará uno. Los dejo abandonados, en caso de volver a necesitarlo sorpresivamente, en caso de alguna emergencia, por si no me lavo el pelo o si quiero un moño tan alto que los pelos de más abajo no alcancen a tomarse.
Por si no sabía, no son solo para el pelo, los acumulo para sacar la hierba que queda pegada en mi moledor, para hacer entrar el puto cordón al pantalón, a veces también actúa como antena para el televisor antiguo (aunque ahí lo tengo que pelar y ya no sirve para su utilidad principal).
Además estos amigos son acusetes. A una persona que conozco le ocurrió, que una de sus muchas amigas dejó uno por casualidad en su baño y cuando llegó una de sus amigas especiales y vio el pinche..¡Adivinen! paf: show.
Alargados, duros y algunos débiles, sobre todo esos que te venden las señoras en la ferias libres. Esos que vienen acomodados de a tres en un cartón con flores rojas y fondo amarillo, pero que por trescientos uno no puede más que llevárselo a casa y acumularlos, como lo hago yo, como lo hace mi hermana y mis primas. Porque si hay un objeto que toda mujer tiene, es un pinche negro, en alguna parte, aunque no lo sepa.
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