28 dic 2015

Complot adolescente

Qué lindo antes, cuando compartíamos en tu dormitorio y yo sabía perfectamente qué regalarte para Navidad, porque conocía qué discos te faltaban o qué poster nuevo agregarías a tu pared. Me gustaba acostarme en tu cama y oler la almohada que regabas de esa colonia de guagua azul. La morada te cargaba porque la usaba la popular de tu colegio.  Sabía que contaba con tus camisas nuevas y esas faldas que heredaste de tu tía separada, esa que tenía un culo hermoso.  Me gustaba llamar a tu casa y que tu papá me contestara y que fuese simpático solo conmigo, porque sabía que mis intenciones eran de amistad. Me gustaba que tu hermano me abriera la puerta y que tú no estuvieras, porque así yo tenía tiempo para compartir con él, para educarlo, para enseñarle cómo disfrutar y luego, los dos en silencio llegar al living, como si nada. Me gustaba hacerte esas trenzas infinitas y jugar a que era mi pelo. Las fotos de ese día te las quedaste tú, después de ese cumpleaños, cuando te regalé el último disco de Incubus y me diste un abrazo reconfortante, me dijiste que no me fuera nunca de tu vida, que era el hombre más importante, hasta que me pillaste en el baño con tu hermano chico y tu cara se desfiguró y gritaste y tu papá nunca más me volvió a contestar bien el teléfono y yo nunca más volví a entrar a tu casa, ni a tu pieza, ni a tu mundo. 

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