12 ene 2016

Todos merecimos una mejor educación. Si me dieran a elegir nuevamente un colegio, lo más probable es que hubiera exigido uno de calidad. Uno que me enseñara inglés de chica, que tuviera más talleres y profesores con dedicación, profesores que hablaran bien, que me enseñaran ortografía y redacción desde primero básico. Que nos contaran la Historia a través de experiencia y no que tomaran un libro para dictarnos a 45 alumnos durante más de una hora. Merecíamos algo mejor, una motivación extra para saber lo que se venía. Nadie nunca nos explicó que pasaría cuando saliéramos del colegio, claro que lo intuíamos, pero sólo era la punta del iceberg. Merecíamos una mejor educación porque éramos cabros buenos. Hasta mi generación, todavía existía eso familiar, esa unión especial de cabros chicos soñadores. Como compañeros nos queríamos, nos protegíamos, cuidábamos nuestro espacio, nos motivábamos fácil, exigíamos nuestros derechos, nos mandábamos cagás, pero eramos buena gente. Se notaba. Cada uno en su volá, cada uno con sus problemas

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