Hay reglas para romper, hay reglas asquerosas y hay reglas que deseamos que lleguen con el alma.
Hoy se despertó temprano y con un sentimiento de culpa. No porque era el cumple de su hermana y no le tenía un regalo, sino porque ese día, esa fecha le recordaba que le tenía que llegar la menstruación. Se sentó en el water, hizo pipí y nada. El papel blanco entre los dedos. Los dedos más adentro de la vagina y nada. Ahora de forma más profunda y...nada. Se asustó, se le aceleró el corazón, se miró en el espejo del baño y vio a una persona que no reconoció. ¿Qué mierda está haciendo con su vida? Se subió el pijama y pensó que quizás era la falta de sueño, el cansancio y la sensación de estar sola en todo eso.
Se durmió nuevamente y soñó. Tuvo pesadillas, soñó con él, con más gente, con la indiferencia, con mentiras y con un niño que abrazo con fuerza en su cama. Era un niño de tres años, que dormía acurrucada con ella, un niño que le daba la espalda, un niño que sin duda la amaba. Se despertó y lloró. No supo porque, pero lloró con tristeza, tratando de sacarse la rabia de meses, la pena que arrastraba desde febrero y la pena que tenía ahora. Se mantuvo inmóvil en su cama, mirando al velador, mirando el teléfono. Comenzó a planear un aborto, hizo fuerzas para que la regla bajara. Apretó su vagina y la soltó, apretó la guata y la soltó. Se pegó puñetazos, se maltrató psicológicamente, se calmó y le dolió. Le dolieron los ovarios pero no entendía si era un efecto de la regla o si realmente estaba embarazada.
Tomó fuerzas, fue nuevamente al baño y por fin vio una mancha, una más oscura de lo normal, pero era algo saliendo de su vagina y eso la hizo recobrar sus fuerzas.
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