2 jul 2015

Puño

Tengo problemas con los puños. Con cualquier tipo de puño. Los puños largos, los cortos, los que han vencido, los puños que siguen con la misma tela de la manga, los puños engañadores, a los que le salen motitas. Tengo problemas con tus puños, la extensión de tu brazos, de ese polerón azul o verde, ya no sé de qué color es o era. Quizás ya no lo usas hace tiempo y ese puño de mierda, me hace recordar ese polerón. Puños en alza, con la manos apretadas, cuando te haces tira la palma de la mano con las uñas, aun si la tienes cortas. De rabia, de nervios, de equivocación. Cuando quisieras cambiar el mundo con tu fuerza interna, con la energía que te queda después de las siete. Puños mojados, de nervios, de aburridos, de espera. La espera me hace perder la paciencia y me desquito con los puños. Hoy me doblé los puños de un chaleco que aún no conoces. Me los doblo porque entorpecen mi escritura. Quizás los corte, quizás los dejé así, para arriba y no vuelvan a su estado normal y luego, en mucho tiempo los desdoble y vea el color original del chaleco que en ese momento ya no tendrá su color de origen, igual que tu polerón, tu prenda favorita con los puños más odiados. 

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