Laura firmaba todas las noches en la misma comisaría. Durante dos años no se le pudo detener, porque las pruebas eran insuficiente para culparla de violación. Las niñas tenían entre 15 y 17 años, rubias, altas, atléticas. Así le gustaban. Excepto por Mariana que hasta los 16 no medía más de 1.48. Pero para Laura, Mariana era especial, una fuerza indescriptible las unía y las llevaba a la cama matrimonial donde además de sexo, compartían sueños y secretos. Por eso Roberto no podía creer el día que las pilló. Era su niñita, era su esposa.
Desde ese día, Laura con restricción para acercarse, deja varias notas por toda la casa, sabiendo que Mariana nunca las verá, pero aclarándole a su ex que una denuncia no bastará para separarlas.
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