Antes de dormir, sueña despierta, imaginando lo que pudo pasar en el día (totalmente distinto a lo que fue), lo que pudo cambiar, lo que debería haber hecho mejor. A esa hora hay varios en la misma, pensando en cómo sería su vida, si cambiaran algunas cosas.
Entonces comenzó a extrañar a su ex. Pensó en sus ojos, en sus bigotes, en su pelo rural y duro, como esa tierra que se seca al borde del camino, justo en el camino hacia su casa. Su casa, donde la recibían como si fuera parte de la familia desde los comienzos, cuando pasaban navidades con comida de campo, con regalos escasos pero agradeciendo cada uno. Luego pensó en sus otras parejas, en las familias, en los bigotes, en los viajes, en las conversaciones, en la música, en las discusiones. Nunca había conocido a hombres tan parecidos y quizás era su problema. El prototipo determinado desde los 16 años, cuando conoció a su primer pololo, con él duró más de un año, con él perdió la virginidad, al que despachaba si se cortaba el bigote. Tuvo suerte, pensó. Un niño de 17 años con un bigote perfecto. Desde él y hasta ahora, a sus 28 años, todas las parejas siguen un estereotipo marcado que no se ha permitido cambiar. La gente pensaba que los buscaba con pinzas, que cada uno de ellos arrastraba lo que había dejado el otro. Podrían ser todos hermanos. Pero no los elegía, sólo llegaban y ella tomaba la oportunidad. Con cada uno de ellos había vivido historias similares: amar, olvidar, amar, sufrir, olvidar. Los puso en fila en su cabeza, como si en vez de contar ovejas, los contara a ellos. Los miraba dentro de sus recuerdos, los reconocía, se acordaba de las mejores anécdotas y ahí estaba él. Al final del recorrido. Con el último que había hablado por Whatsapp esa noche, el que la mantenía alerta, despierta y un poco estúpida. Quizás por eso esa noche no podía dormir.
No tenía nada que rescatar de este último. No tenía nada que lo ubicara dentro de su proto. Parecía un invitado especial, donde todos los otros lo miran con cara de extrañeza -¿Qué mierda hace ahí?- Dijo uno. -No se parece en nada a nosotros. -No es del gusto de ella. -Que se vaya!
Y cuando por fin ella comenzaba a dormir, dejando a sus ex's peleando entre ellos, recuerda una frase, que no sabe de dónde la escuchó o leyó pero que le hizo sentido, tanto sentido, que después de una larga noche de buenos sueños, despertó recordándola: "Eres la excepción de mi regla".
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