Al principio; cuando uno conoce a las personas, los rostros son extraños y nunca se sabe si nos vamos a habituar a ellos. El tiempo pasa y cada día se vuelven más familiares, hasta que llega un punto en el que no haces el intento por reconocerlos cada mañana, ni al despedirte, ni en el día y es porque ya esos rostros son parte de tu mundo, se hacen tan parte que cuesta dejarlos ir.
Me pasó que cuando te vi por primera vez. Pensé que podías ser una niña de bien; tímida y recata y jamas imaginé que detrás de esa cara preciosa y simpática, se escondía una personalidad única y divertida. Menos imaginé que se podría convertir en una gran dupla de trabajo.
No me imagino mis mañanas sin tus ganas y tu proacrividad, sin los papelitos pegados en el compu, sin las enseñanzas y los chistes y esa mano que lleva en cada línea la creatividad incrustada, la originalidad y la perfección porque todo lo que toca lo convierte en arte.
(Para Cami Bravo)
No hay comentarios:
Publicar un comentario