Ese día por fin vio la cara del diablo frente a su cama. No era su imaginación como todos le decían. Se arrastró por el suelo de la cabaña hasta la habitación de sus padres que permanecía con la puerta abierta. Entró y no encontró a nadie, solo la colcha de terciopelo con la que el diablo se había tapado el rostro todas las otras noches.
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