Le faltaban 100 metros para llegar a su casa. De hecho miraba la casa de frente, con las luces prendidas, el auto afuera y movimientos de sombras. Le faltaban 50 metros para llegar y no quiso caminar más. Se sintió cansada, pesada y sin ganas de volver a caminar nunca más en su vida. Miró sus pies se acercó a ellos y pensó que qué pasaría si no los volviera a mover. Sería un estorbo para los vecinos, estaría al lado del loro que canta. Vería pasar jugando a los niños a la pinta y quizás podría jugar con ellos. Pensó no moverse más pero cuando lo decidió ya solo le faltaba un metro para llegar.
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