Me subí para terminar el libro Boquitas Pintadas. Me quedaban las últimas 10 páginas y tenía 30 minutos para lograrlo. Había mucho espacio pero yo siempre me ubico en el mismo lugar. Un tono de voz me cautivó. De esos donde uno sabe que vendrá una buena historia. De esos donde están metidos la familia, los amigos y los pacos. La rubia le contaba a su colega enfermera que ella lucho para que el padre de la niña la reconociera. Se fue a vivir un mes a la casa de él, sin su autorización, pero es que todos sabían que la cabra chica era de él poh, pero ahí le jugaron una mala pasada los amigos y una prima que hablaba puras gueas. Ahora la niña ya está grande, tiene 14 años y no quiere ir a la casa del papá y está bien, porque se siente incómoda, para que va ir si ni la pescan. La rubia tiene 33 años y el papá de la niña 43, pero se ve más viejo, por eso la niña no se halla. El día del papá la niña no lo llamó y la abuela le insistió, pero qué iba a hacer la rubia si era decisión de la niña. Ahora la cabra chica está celosa de la más chica, porque el padrastro no la pesca tanto...
Me corrí, avanzaba páginas y tenía que retroceder para saber lo que había leído. Me fui a la otra esquina del vagón. La rubia se bajó en Macul y le gritó a la amiga que mañana le seguía contando.
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