2 ene 2013

Viajar


Compramos los últimos detalles; porque sí, ahora son los detalles los que se compran. Chalas negras, falda y camisita transparente. Salimos del mall y fuimos al metro, nos sentamos y sol. El plan era que yo compraba el espumante y el cocaví para el viaje y él se bañaba y arreglaba el bolso. Golpeo la puerta y aparece en toalla con su cara rica y bigotes cortados. eran las 3.30 hrs, pasajes a las 5.00 en punto. Las vueltas, la comida, las risas, y que se pierden los cosos del colchón y los buscamos y no aparecen. Los besos a las 4.10, los stop porque no llegamos. El bolso a la rápida, el colchón con sus apariciones de cosas puestas y cerramos la puerta. Correr no fue suficiente, mi cara ardía, su rabia sacaba fuego. 2 minutos parados en una estación de metro y lamentándonos de no haber tomado taxi. Correr en metro lleno, chocar con gente, mandar a la chucha a la gente y pedir perdón gritando a la rápida sin mirar a los ojos. Se me perdió de la vista, sus chalas y sus ganas corrían más fuerte que yo. Llegué y veo un condor: chucha que suerte    -dije-, pero era mucha la buena racha y el bus se había ido hace 5 minutos. Había una oportunidad más en pajaritos. Corrimos, taxi, enojo, caras con sudor y casi lágrimas. A pajaritos por favorqué paradero?no!!!! Al terminal!!!. Pagué el taxi, Jaime corría hacía el bus. Era el nuestro y sonrisa. Esa sonrisa y dedo pulgar arriba nos llevó a Valpo. Gracias J. 

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