4 oct 2012

Con la PIStola me hice PISCHI

Me gustaba ese metro, era espacioso y terminaba con grandes árboles. Un bosque grande que protegía a todos los amantes. Nos internamos fugitivamente porque ya estaba cerrado. Teníamos una chela, condones, libros, ipod, 10 lucas y no sé si marihuana o tabaco. Estábamos hablando. No nos besábamos pero nos gustaba. O por lo menos a mí sí. Entonces de la nada aparecen dos sombras, de cuerpo y alma para apuntarnos con la primera pistola que veíamos a nuestras vidas y pedirnos una cámara fotográfica que jamás existió. Como nunca, una paz invadió mi cuerpo y comencé un dialogo con los flaites de mierda. No me acuerdo que les decía o si él decía algo, pero no se llevaron mucho. las 10 lucas de él, su tabaco parece y nuestra dignidad. Nos pasamos por donde mismo habíamos entrado y le dijimos a unos pacos nuestra historia, pero poco y nada les importó. Yo, al parecer, entré en shock y me fui sin decir nada, o muy poco en el metro. Ahí al parecer comenzó el fin. Me acuerdo de una historia que no sé si él me la contó o yo la inventé. De una amigo de él, que había vivido una situación límite con su mina y que desde ese momento se unieron más que nunca. No fue nuestro caso. Pero hasta el día de hoy recuerdo la historia de la pistola como la más cinematográfica y terrorífica que he vivido. 

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