Son weas, el destino es penca a veces... te recuerda en todo momento que ya fue, y que nunca pudo ser, que no será jamás y yo tonta, perdiendo el tiempo pidiendo deseos.
Brasil, entre Mapocho y Baquedano
20 de Octubre de 1920
A fines del siglo XIX, la Municipalidad de Santiago dictó un reglamento para la construcción de conventillos, con el fin de paliar el enorme déficit de vivienda de la capital.
Estas residencias colectivas no eran sino grupos de cuartos alineados a lo largo de una pequeña callejuela interior donde las mujeres lavaban, cocinaban y tendían la ropa, mientras los niños jugaban. No contaban con servicios higiénicos ni alcantarillado, y las pequeñas habitaciones, en las que se dormía, se comía y se trabajaba, no tenía otra ventilación e iluminación que la puerta. La insalubridad y el hacinamiento hacían de los conventillos el caldo de cultivo perfecto para la promiscuidad y las infecciones.
En las primeras décadas de siglo XX, debido a la fuerte migración del campo a la ciudad, los conventillos proliferaron formando verdaderos blsones de pobreza que se convirtieron en un emblema de la cuestión social.
(Láminas 02, Memorias de mi Santiago)
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