Cuando despierta ve por la ventana y nota que alguien estuvo ahí.
Ese día durmió hacía el otro lado. Su lado. Porque justo ahí está ese espacio más hundido.
Y aunque en ese mismo lado han pasado decenas de otros cuerpos
aún nadie ocupa su lugar y claro, el olor no es el mismo.
Una ola que viene y se aleja.
Un campo que sopla fuerte
Una cordillera que se podría venir encima
Que asusta, que se aleja.
Desde que no está, rechaza cualquier forma establecida, porque él era lo más distinto a una norma.
Era sur, más que ningún otro y aunque nunca pasearán juntos por el extremo de ese país, cuando ella lo haga sola, se acordará de él.
Más allá de sus ojos, hay una persona parecida a ella.
Más allá de su pelo, más allá de tu piel.
Se da vuelta para no seguir viendo el cielo gris, aunque ambos saben que es sólo una excusa, porque lo que le molesta en realidad es ver ese espacio vacío, ese hundimiento que él dejó y que ella no puede llenar.
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