Sigo viviendo igual que siempre. Me cuesta despertar, más acostarme y dormir. Últimamente no sueño mucho pero me quedo pensando e imaginando durante altos periodos de la noche. Me he despertado con jaqueca y unas ganas terribles de mentir y hacerme la enferma. Pero luego entra la culpa y me levanto rápido dejando a la Viernes tapada en mi cama, aunque sé que cuando vuelva del baño, ella ya no estará. Me preocupa su felicidad, la veo más indefensa que el Otto y no la puedo dejar sola. No quiero.
Así voy al trabajo, igual que siempre, con gente nueva a mi lado, personas distintas y no se si estoy en el camino que quiero, pero estoy probando. Después de la muerte del Otto todo es más confuso y delicado. Cada tema me afecta en mayor grado. Escucho voces y gritos cuando no los hay, estoy atenta a cada accidente y cuando pasa un carro de bomba mi corazón se despega de mi cuerpo. No tengo sólo un pensamiento, tengo tres o cuatro al mismo tiempo y me angustio. Vivo cada mes deseando no estar embarazada y prometiendo a Dios o a quien sea que me esté escuchando, que este mes fue el último, lo juro, el último.
Yo pensé que este año sería el bueno, lo llevó buscando harto tiempo, hay registro en mis Pascualinas del intento por tener uno que no me haga perder la ilusión, que me enfoque y me haga feliz. Un año al que recuerde con cariño.
Igual no me puedo quejar. Este no ha sido el peor, sólo se ha visto alterado por pequeños, sórdidos y crueles acontecimientos que me han transformado. Me quiero acordar para siempre que a mis 28 me di cuenta que la vida no es como pensaba. Que crecí. Que con cada alteración, la gente se va haciendo persona y va delimitando la personalidad, los gustos, los intereses. Las personas si podemos cambiar y lo que es mejor, acentuar lo que siempre hemos querido o dicho ser.
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