13 ago 2015

Reencuentro

Él le preguntó cómo se podía escribir un momento como ese. Fácil le dijo ella "usa imágenes". Pero sabía que él no lo haría y que la pregunta había sido una expresión de felicidad dada las circunstancias: ellos solos, en un lugar increíble, con gente llena de alegría. Como buena ladrona ella misma comenzó a sacar fotografías mentales de cada segundo que estuvieron ahí, para luego (a continuación) escribir y describir sobre ese reencuentro que tanto les costó aceptar. 

La comida siempre fue importante para los dos. Tenía un lado positivo; cuando creaban los eventos y compartían con la familia, pero también la comida fue una forma de distanciamiento y cobardía, cuando tenían que comer para no quedarse callados.

Esta vez fue una almuerzo distinto, en su lugar favorito. No tuvieron que hablar mucho para ponerse de acuerdo dónde y cuándo. Tenían la excusa perfecta. Como siempre ella tuvo que esperar a que él llegara, solo que esta vez le pareció gracioso hacerlo. Subieron la escalera mecánica y se fijaron en los locales de comida que nunca antes habían visto. Al final y de todas formas se quedaron en el mismo lugar de siempre. Compartieron sus platos; él robaba las papas fritas a ella, como si fuera el plato de su hermana. Tanta complicidad y confianza eran el bajativo para ese momento. También compartieron la bebida, el pebre y la cuenta. Pasaron por el infaltable puesto de golosinas y luego se dirigieron al exterior. Luz de sol, nubes y frío.  

Cruzaron todas las calles hasta que quedaron en dirección a su departamento. Ella propuso caminar hasta el metro más cercano pero él tuvo una mejor idea. "¿Estás apurada?" Preguntó atento. "Obvio que no" dijo ella decidida. 

Comenzaron la verdadera junta en un local clásico de la capital con un litro y medio de Terremoto para cada uno, sentados en una mesa que compartieron con personas tan desconocidas, que se hicieron fáciles acompañantes de espacio. La pierna de ella entre las piernas de él. Los ojos grandes, las carcajadas y las historias. Las manos; por primera vez notaron que sus líneas de las manos eran idénticas. No parecidas. Eran iguales. ¿Qué significará? preguntó ella, pero él sólo la miró entusiasmado. Lo más probable es que no signifique nada, pero fue un momento feliz. Se notaba en la sonrisa de ella y en los ojos de él. Cualquiera los hubiera descubierto. 

¿Cómo alguien describiría la nostalgia y la felicidad al mismo tiempo? Lo más probable es que se necesite un nuevo concepto, una nueva palabra. El tiempo pasó rápido. Llegaron y se quedaron de pie un rato mirando a su alrededor, acostumbrándose a los olores y el ruido. Un ruido placentero de fiesta, de juventud, de libertad.   Cuando ambos vieron una guitarra pensaron que se venía bueno. Las canciones se fueron rápido y prendieron el ambiente. Encontraron una mesa redonda que compartieron con más parejas. Rancheras que pasaban entremedio de los comensales, estudiantes celebrando quién sabe qué cosa, extranjeros maravillados con estos rotitos buenos para gritar y los infaltables borrachos, daban una cuota de anormalidad a ese sábado.

Se fueron juntos, alcoholizados y repletos de una extraña alegría y esperanza de saber que una relación puede tener frutos de amistad. 

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