El 28 de abril fue la primera vez que publiqué algo de ti en mi espacio. Desde esa vez abandoné la vergüenza y te escribo a diario aquí (no publicadas), en Evernote, en cuadernos, en papeles y en mi mente. A veces soy dura, esquiva y distante y otras veces no me reconozco. Si alguien leyera el sentimiento de cada palabra o frase, se daría cuenta que no es normal, que me has servido de inspiración constante, que remueves cosas en mí que ya había olvidado, que había tratado de no mencionarlas para no perderme, pero justamente ahora me siento pérdida, olvidada y frágil. Porque si estuvieras acá, mi ánimo sería distinto, porque aunque no haces nada y no dices nada a mí me cambias el día. Y que quede claro que no te quiero mío, quiero que el mundo te conozca, que vivas nuevas experiencias con millones de mujeres y les hagas lo que a mí. Eres mi mejor error, porque nosotros no teníamos cómo compartir todo lo que hemos vivido ¿Cómo, cuándo y dónde comenzamos a tener esos impulsos sexuales que se transparentan con fuerza cada vez que estamos juntos?
No podría ser tan honesta contigo en vivo, no como lo estoy siendo ahora, escribiéndote en medio de gente en el metro, no fijándome en que estación voy, vomitando lo que siento porque es la única forma de sentirme aliviada. Libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario