Siempre me he considerado una mujer que escribe mucho mejor de lo que habla. Me expreso mal, a veces se me van las ideas y no consigo llevar las palabras adecuadas siendo redundante o poco clara. En cambio cuando escribo puedo ir rápido pensando lo que quiero decir y escribiéndolo para que no se me olvide, luego reviso y tacho lo que no sirve y dejo lo que más me gusta.
Así he conquistado a varios "galanes" (Como dice Miss Venezuela) Con cartas, tarjetas o simples mensajes. Quizás es un poco de profesión, pero escribir es una de mis cosas favoritas en la vida, lo podría hacer siempre y siento que nunca podré parar de aprender. Encuentro que es una disciplina increíble con mucho campo para encontrar algo único y hacerlo especial o identificatorio.
Y así como amo escribir, me carga que el niño que me gusta escriba mal. Trato siempre de ayudar y decirles si algo no está bien escrito, pero puta madre que es desilusionante.
Desde ahí entendí que:
1. Cualquiera puede aprender a hablar bien. Es un acto de copia ya que escuchamos cómo se dicen las palabras y repetimos. Imitamos a nuestros padres y amigos, robamos palabras entretenidas y vamos creando un gran diccionario que permite que nos caractericemos de una cierta forma, reconocible por el resto. Los flaites, los cuicos, los hippies, los intelectuales, etc. Todo dependerá de con quien te juntas, quienes te rodean y los gustos personales.
2. Muy distinto es cómo escribimos. Este acto es personal e individual. Se debe a un esfuerzo íntimo que con buenas herramientas o mucha motivación se puede ir cambiando o mejorando pero jamás imitando. No se pueden inventar palabras por muy "cool" que seas. La gramática es tan personal que aún incluso los padres escribieran mal, los hijos pueden ser grandes escritores.
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