6 ene 2015

El esfuerzo.

Me gustan los cabros chicos, me gustan ajenos y bien lejos. Más me gustan cuando son independientes y hablan gueas. Más me gustan cuando son creativos y humildes. 

Por ejemplo, el otro día venía en la 210 desde Estación Central a La Florida (manso pique) y muy cerca mío venía un niño de ocho años (él mismo dijo su edad) que reconocía frente a sus padres y tíos que no se esforzaba en nada. Lo reconoció de una forma súper especial. Todo el camino fue hablando de lo mucho que le gustaría estudiar y saber cosas pero que no entendía porque no podía. Ahí, sin que nadie le dijera nada encontró la respuesta "El esfuerzo". No sabía leer, solo contaba hasta el 26 porque decía que hasta el 50 era muy difícil. Encontraba que su hermano pequeño era más inteligente que él porque tenía las ganas de aprender y él no. Los papás le decían que nada era imposible, que tenía que dejar de ver tele y meterse más en los estudios. Luego le pidieron que recordaba una película que haya visto y que se las contara, pero él no podía recordar. No se acordaba de ninguna. Y trataba pero entre las burlas del hermano más chico y el cansancio y las pocas palabras que les decían sus parientes, este niño quedó solo en el destello de querer seguir adelante pero creo que no encontró la motivación suficiente. Se fue callado el resto del camino. 

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