La adulta/dueña llegó con un gato nuevo pero grande a la casa. No dejó entrar al perro porque parece que al nuevo le dio susto. Lo dejó en el suelo y se subió a la silla de la Peyuca. La olió y le dijo que por donde se podía ir de ese lugar. La Peyuca se enamoró de una, caliente la gueona. Yo creo que no sabía si era macho o hembra, todas las micros le sirven. La adulta subió a la pieza y bajó rápido. Tomó en brazo al nuevo y lo llevó a mi cocina. ¿Por qué chucha le da de mi comida? Bastante tengo con compartirla con el orejon y la Peyuca, ahora viene este gueón y se la va a comer toda. Ah, no comió. Regodión el mierda. Es buena comida, blanda y rica. Quizás no tiene hambre.
- Peyu, háblale tú
- Me da verguenza gueona! mejor tú...
- Pero si a voh te gustó, se cachó altiro.
- Si yo estoy operá, ya no ando esa
- Mejor poh, voh dale.
Ay el gueón pesado, la Peyuca se acerca y él se aleja. Ahí viene la adulta. Ah lo va a regalar porque si le saca tanta foto es por algo. A mí hace tiempo que no me hace una sesión, quizás ya no soy tan popular entre sus amigos. La adulta se fue y este gueón mira por donde escaparse.
- Te vas a caer loco, el único que sale por ahí es el orejón, tiene años de experiencia subiendo por esa ventana.
- Sí amigo, hazle caso a la Pituca.
Se fue no más. Se pegó un salto brígido y llegó a la ventana del techo. Desapareció y no creo que vuelva. La Peyuca fue demasiado jote y yo marqué territorio porque esa adulta que viene ahí es mía loco.
-Pitu! qué onda el amiguito...se fue?
-Miauuuuuu.
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