No era
igual a todos, llevaba su camisa, su pantalón, hasta los calzoncillos
planchados. Olorocito, ojos verdes y las frutillas limpias. Así lo veía
Verónica cada vez que visitaba su puesto. Un “Hola señora” le decía el hombre
(nada de caserita) y ella sin vergüenza respondía “señorita”, a pesar de sus 3
hijos, 2 perros y el gato a cuesta.
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