18 ago 2013

Aros de vieja

Esta es una historia real. 

Había una vez una niña que se puso a pololear con un niño demasiado romántico, tierno, buena persona, mamón, Ricardo Arjona, Alberto Plaza, y no exagero. Tan buen tipo que siempre la sorprendía con canciones, pétalos de rosas, conversaciones con sus padres a escondidas tipo "petición de mano", y más. Pero hubo un gesto que detonó esta sensación de amor que hastia. Un día esta niña llegó a un centro de depilación, aprovechó su día para relajarse y este pololo nuevamente la sorprendió llegando al local a buscarla. Èsa, no fue la sorpresa. Pasó un rato y una de las niñas que atendía mira un poco incómoda a la niña, se acerca y le dice "oye, son tuyos estos aros". Ella los mira y le dice "claro que no, deben ser de otra persona, son como de señora". La depiladora riendo le dice "no, no, no, no... de verdad, son tuyos..." 

Roja de pies a cabeza, se da vuelta y el pololo la mira con cara de amor. De esa que te da asco, como cuando comes mucha manjar. "Era una sorpresa!...los compré en una tienda de por acá". 

Probablemente en una tienda donde vendían aros de vieja.

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