21 jun 2013

En el metro de Santiago: P. de Gales.

Una vez iba tan mal en el metro, y no por lo lleno. Tenía un dolor de guata gigante, me sentía mareada y todo por una caña ridícula por culpa de una fiesta de la noche anterior, día jueves, mal día porque el viernes tenía que ir igual a trabajar. Me subí al metro pero no aguantaba más de dos estaciones y me bajada. Llegué a Príncipe de Gales en un hora, (recorrido que lo hago comúnmente en 20 minutos) y se me acerca una guardia a preguntar si estaba bien. Mi cara era de "no, quiero vomitar ahora!" pero yo toda correcta le mentí diciéndole que algo me había caído mal en el desayuno. Ella, con su cara maternal y tranquilizadora me dice "Quizás estás embarazada"... Yo la miré y sin querer rebatir nada le dije "quizás". Ella me contó que tenía una hija de mi edad y que ya tenía su primer hijo y que no había nada de malo, así como convenciéndome de no abortar. Yo le dije que claro, que yo ya estaba trabajando, con una pareja estable y que si estaba embarazada no había problema. Ya me estaba convenciendo de mi estado maternal cuando me acordé de mi caña terrible y de que además andaba con la regla. No le quise quitar la ilusión a la señora guardia de mi estado, así que solo le di las gracias por la compañía y la posible noticia. Ella se puso feliz al verme más convencida y con mejor cara. 

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