Ojalá yo tuviera tan buenas historia para contar como las primas de mi mamá. Ella ( mi mami) y sus primas vivieron muchos años, desde que nacieron, en el campo campo. Pasto, tierra, árboles y ratones eran sus mejores pasatiempos. Bañarse en los rigueros, canales, pequeñas e inventadas piscinas de agua sucias pero divertida. La cosa es que un buen día estaban bañandose todas en un canal que era el mismo canal que pasaba por la casa del que ahora es el esposo de mi tía Pilo. Las niñas gritaban y se tiraban en el canal cuando de pronto pasa un mojón gigante y una de ellas (La Aura creo) dice "Ahí va!" y todas se hacían hacia un lado esquivándolo. Jamás tuvieron ninguna enfermedad (ni mental ni física). También una vez, la coca se tiró como el niño de la selva por un sauce y se le subió el traje de baño, mostrando todas sus pechugas (que imagino no era nada). Todo esto a vista y paciencia de mi papá y su gemelo, que miraban las escenas del otro lado del agua, sin meterse, sólo copuchenteando. Además del agua, también jugaban con tierra; algo que yo también hice y recuerdo con mucho cariño. Las tortas de barro con decoración natural. Lo entretenido era que mi mamá, floja e inteligente les decía a sus primas que se iba a matar si no le daban todo el barro que habían juntado. Ponía su cabeza entre el alambre púa que limitaba el camino y las primas al ver la situación, con mucha angustia hasta le hacían la torta. Lo cuatico fue cuando la Janet se acordó que en esos años estaban en toque de queda, por lo que no podían jugar afuera. Pico y poto les importaba y ellos salian de todas formas en las noches. Se acuerda que varias veces, cuando pasaban los milicos, se tenían que tirar alas zarzamoras casi como superman, para que nos los mataran. Así de brigido y fuerte lo recuerdan. Aunque en ese momento seguramente lo tomaban como una diversión más.
También y para terminar. La María Inés tuvo un pretendiente; que según ella lo sigue siendo 1313. Este personaje era huaso-huaso, de campo-campo y cuando la iba a visitar; porque en ese tiempo la wea era romántica. Llegaba a su casa y era tan tímido y nervioso que no le daba la espalda a nadie cuando pasaba adentro ( me encantaría poder hacer la mímica, porque era tan gracioso, pero imagínenlo!). Cuando llegaba la hora de comer y sentarse a la mesa, el caballero tan pavo, se sentaba sin despegar la silla de la mesa y le costaba un mundo poder hacerlo, como podía se metía en el hueco que quedaba.
En reírnos.
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