Un espacio nunca visto separaba los pies de la espalda
siguiente. Un pasillo oscuro, la luz roja del principio que en realidad era el
final y el sabor a rabia inauguraban la competencia. Hacia el lado se sentía su
olor, al otro solo ronquidos.
Lo miro y la realidad gana, sus ojos van puesto en el libro.
El sonido de su chaqueta contra el respaldo logra una victoria a la imaginación
y siento su mirada intensa en mi cara. La verdad es que no creo que vaya
leyendo, pero la realidad vuelve a ganar y da vuelta la hoja. La imaginación
dice que sus ojos están perdidos tratando de convencerme de que se me pase el
enojo. Miro en realidad y él solo sigue leyendo. Un locutor relata que el viaje
acaba antes de llegar, las luces se prenden, el espacio se encoge el combate
termina y ambos se da por vencidos.
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