29 feb 2012

J


Mirar hacia atrás es un acto reflejo de toda mujer. Mi abuela, mis tías mi mamá y mi hermana lo hacen sin darse cuenta. Fíjense en las suyas, si tienen alguna mujer al lado en algún momento mirará hacía atrás y si miran también, verán que no hay nada...o quizás se sorprendan.

No es mirar atrás para ver el pasado, lo digo de forma literal. Caminar y mirar, esté donde esté. Es que pocas veces la gente piensa en lo que pasó antes de esa mirada. Y sí, siempre hay algo importante, muy importante. La mayoría de las veces son peleas, grande, pequeñas y medianas. Todas merecen una mirada. Es que esperamos (siempre y cada una de nosotras) que después de esa pelea, él esté atrás y nos tape la rabia con un beso. Todas nos hemos imaginado esa escena pero muy pocas mantienen la ilusión de que algún día pasará.

Me pasó. Me enojé medianamente pero no se me pasó en todo el viaje. Él trató de disipar mi mudes con besos, cariños y gemidos, pero nada daba resultado. Llegué a la estación y él insistió que quería bajar para hablar. Como el enojo era mediano le dije que no pero le di un beso en la boca. Me bajé, subí las escaleras y ahí estaba… la misma gente de siempre, las mismas escaleras, la boletería, las escaleras, los vendedores y el semáforo. Casi que daban el verde y la sorpresa interrumpió mis pensamientos. Era él, preciso, perfecto.

Yo jamás miré hacia atrás, en todo mi recorrido no lo hice nunca y pronto llegó la ilusión. Un acto reflejo que hoy revive en mí. 

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