17 ene 2012

Pirata

Se despertó velozmente y ya no tenía su ojo. Miró en un vidrio podrido por el carbón, se tapó el derecho y ya todo era negro. Ciertamente no había nada que hacer. Lo había olvidado en algún bar o en el mar con algún tiburón espada. Sacó un pedazo de su camisa cuadrillé y con astucia se lo puso de parche. Un gran pirata escoces. Tomó leche tibia de frutilla, mascó un poco de pan de pascua y salió. Todo era tan extraño. Mirar por la derecha y no saber que pasa al otro lado le pareció inspirador. Alcanzó a coquetear con algunas mujeres que pasaron a su lado y cruzó la calle sin saber que venía el bus de las 6. Menos mal su reflejo aún no lo extraviaba. ¡Chum! pasó 5 cm distante la puerta de su culo. No tenía una dirección fija. Saludaba a gente desconocida y más de alguno le regalaba una moneda. Un hombre de rulos con un bastón y sin su pierna izquierda lo quedó mirando. Le tiró la moneda y una pierna. Ya no le servía la izquierda, sin su ojo todo era irrelevante.  Se tocó el pecho y recordó su corbata, la sacó de su bolsillo y la anudó perfectamente. Su camino se hizo el doble de largo. Sin un pie y sin un ojo el mundo se volvía más complejo pero no menos lindo o inmundo. Miró las oficinas de un 5to piso y recordó que tenía que ir a trabajar o quizás a pedir empleo; por algo la corbata y el traje, por algo la celebración de anoche donde había perdido un ojo y hoy una pierna. Se revisó el otro bolsillo y una caja extraña y que claramente no recordaba apareció en su mano. Miró el paraíso, era millonario. Brillo tanto la caja que nuevamente no vio nada, pero ahora en vez de negro se fue a blanco. Caminó tanto que se cansó de hacerlo, una pierna no le bastaba. Quería regresar y volver a pedirla. Un ojo tampoco lo era. Entró a una casa donde había mucha gente de bien que lo recibió con cara de horror. Lo tomaron del brazo y lo guiaron al altar. Pensó que quizás lo estaban grabando para la tele y su ojo lo tenían guardado, era como una broma con cámara escondida. El cura no dejó de hablar y él trataba de pillar la cámara oculta. Se sentía cansado y se fue a sentar al lado de una mujer de negro que le devolvió el ojo a cambio del anillo que llevaba con el. Con ese intercambio, más se convenció de estar en un programa de la tele y partió de la iglesia dejando atrás un despelote de gritos y llantos. La mujer de negro era la amante y se había comido el anillo. ¿Cómo habrá tenido ella su ojo?. Cuando lo miró se dio cuenta que en realidad no era el suyo. Debió ser de la mujer, porque el jamás los tuvo verde...hasta donde recordaba. En el mismo espejo de carbón río de su cara de espanto. Se tocó ambas piernas y su cara. Revisó su camisa y efectivamente no tenía un pedazo. Corrió hacía la iglesia la mujer de negro aún debía estar ahí. 

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