Cuando chica recuerdo la memorable frase de mi papá “todavía
no aprendes a leer”. Yo decía, obvio que se leer… él me respondía en tono duro “¡NO!
Sabes juntar las letras, pero no comprendes lo que lees”. Bueno, tenía razón y
tiempo después aprendí a leer de verdad. Leí libros, diarios, comentarios, aprendí a
leer y tomar lo importante y rescatarlo para mi mente.
Hoy me di cuenta que aún no aprendo a ir a conciertos y
disfrutar de la música. Que a cada concierto que voy tiene que ser de alguien
en español o que me guste demasiado para poder corear las canciones y sentir
esa emoción tan rara que solo dura lo que dura el concierto.
Entonces me di cuenta que no tengo cultura musical, que no
voy a ir a gastar plata a un concierto por gastarla, porque ir y conocer una
banda en vivo no me produce más que sueño. Y me avergüenzo, no crean que no.
Me fijo en mis amigos, que son súper motivados para ir a
recitales, el que se ponga en cartelera. Se consiguen entradas, van como sea,
lo disfrutan, aprenden, cantan y conocen. Y con eso consiguen obviamente que se
les expanda la mente. (Creo que es una buena técnica para expandir la mente Andre!).
Me gustaría conocer las sensaciones que les provoca a mis
amigos ir a recitales, disfrutar todo el día parado esperando la puta banda,
con sol, con frío, sin plata o curaos. Qué chucha sienten para poder aguantar
horas y horas, qué piensan o imaginan cuando están ahí a punto de ver a esa banda que en su vida imaginan tener tantos seguidores o tan buenos seguidores como mis amigos.
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