Mi humilde opinión
Si un día despertáras muerta, por fin se lavaría tu conciencia.
No te descriminarian en la oficina por el pelo mal lavado o la poca gracia para calzar la estética de tu vestuario.
Tu marido se alegraría al verte tirada en la cama, relajada con la cara tiesa.
Tus hijos no escucharían más los gritos de la limpiza y el orden.
Si un día despertaras muerta en tu cama, las deudas desaparecerian, se pagaria la universidad de tu hijo mayor y con el resto de plata se comprarian una casa en la playa.
Si tu corazón dejara de latir, a tu marido le lateria cien veces más fuerte y por fin se podría casar con la mujer que ama. Tu ropa la quemarian al igual que tu cuerpo. Y tu alma se la llevaria el diablo.
Eso es lo que pienso.
Frustración
Cinco horas de parto no fueron suficientes. Me coloque en posición indio y comencé a frotar mis pezones -dicen que así baja la leche y algo se activa en nuestro cerebro que hace que el bebe salga más rápido-. Comentaron que nació sin cerebro, pero eso es casi imposible. Nunca lo pude ver pero la matrona me dijo que fue un niñito. Con Alberto habíamos pensado -si era niñito- colocarle Manuel, como su abuelo.
Nadie sabía la noticia. Fueron nueve meses hermosos, lo lleve dentro de mi vientre y hoy lo llevara un ataúd. No es un día triste, el destino no quiso que te llevara conmigo. Tratare de no llorar, la gente no me querrá ver triste.
Alberto debe estarlo y no es para menos, esta es la segunda vez que intentamos ser padres... no tengo instinto maternal, ¿será ese el castigo por el cual no podemos consolidarnos como una familia normal?.
Viene el doctor. Me avisa fríamente que los restos fueron llevados para examinarlos, mientras tanto me visto rápido para salir de esta habitación.
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