9.08.2009
Ahora más que nunca ella lo deseó. Deseó mirarse al espejo y ver algo más que su reflejo habitual. Deseó parecerse a la actriz de la película, deseó ser linda, por primera vez tuvo rabia de su aspecto y deseó ser otra. Es que él había llegado sin aviso y ella nunca fue lo que él esperó. Toda su vida había deseado una bella mujer que cupiera en sus brazos a la perfección, pero ella se rebalzaba y terminaba por cubrirlo entero. Ella estaba segura de lo que era; toda su vida se lo repitieron y terminó creyéndolo fielmente. La simpática, la inteligente, la extravagante y la fea de la familia. Era como la historia de la cenicienta, sólo que esta vez esta cenicienta era gorda, fea y sucia. Ella estaba segura de su amor por él, era todo lo que alguna vez quiso tener, un hombre hermoso, inteligente, parecido a ella, pero en hombre; más rudo, con más plata y más años. Entonces llegó, tocó el timbre y ella no salió, nunca salió.
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