Los malditos.
Me revuelven, me despeinan, me encogen y me abrazaban. Los odio y ellos a mi. Me molestan, me hacen sufrir, me hacen llorar y aferrarme a la cama para soportarlos. No entienden que no los necesito, hace tiempo que tomé la decisión de no ser madre pero estos malditos ovarios aún no se largan de mi vida.
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