25 nov 2009

4.12.2008


Violeta

No era mujer de risa fácil. Le costaba articular sus mejillas y mostrar sus dientes. Aunque parezca ilógico, los mantenía todos en su posición y bien blanquitos. En las fotos se parece a la tía, con la mirada un poco perdida... como si siempre estuviera planeando las cosas posteriores, siempre a un corto plazo ya que le tenía miedo al futuro. Por lo mismo quizás nunca fue feliz, es cierto que influyó la de su esposo en el maremoto, pero era más culpa del futuro amenzador, del que nadie nunca le enseñó defenderse. Mi tía, su única amiga, le había enseñado a tejer, luego ella autodidacta hizo telares hermosos de esos que se ven en los museos famosos y caros. Nunca reclamo por los periodistas quisquillosos y los rumores que le inculpaban, nunca chisto por la soledad y los golpes duros de la vida. Ella se mantenía viva por que sabía que tenía que terminar su encargo. Mi tía decía que era una mujer de dolor. A ella no le dolian los huesos, era por dentro de la carne, se rascaba para apasiguar el sufrimiento pero no era suficiente, una vez mi tía le llevó una guitarra, fue la única vez que su sonrisa fue verdadera, un regalo del cielo... de lo alto del cielo dijo ella y nunca más se separo del instrumento. Las 6 cuerdas marcaron su trasendencia hasta ahora mismo, si no fuera por la música yo no sabría el dolor de sus días en la tierra. Ahora me doy cuenta a mis 17 años que la sangre pesa. Mi tía me contó que ella acompaño a su amiga al hospital y que cuando me dio a luz al vaciarme de su cuerpo para mi la sonrisa tampoco fue facil.

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