Seven Pounds

Reconocería tus ojos donde fuera.
Estuvieran en el escondite que estuvieran.
Reconocería ese misterio, esa extrañeza, esa simpleza, te reconocería.
Pude verte en él. A ti, el hombre más especial de mi mundo.
Lloré no porque la película me conmoviera o porque Will Smitt fuese un seco de la actuación. No lloré por la música melancólica ni por entender finalmente la historia (A un hombre se le muere la esposa, desanimado de seguir viviendo se siente culpable por las "siete" vidas que mató así que decide donar la suya).Lloré en realidad por que cada momento me recordó que en el mundo si existe la gente buena que le pasan cosas malas y como en un simple segundo nuestro paso por la tierra puede dar un giro inesperado. Lloré porque me sentí culpable de no estar consiente de mi salud. Lloré por amor, Lloré porque no me quedaba otra más que hacerlo. La película se me hizo eterna hasta los último 40 minutos, después se tornó un poco más dinámica, pero esa manía de no explicar nada y dejar todo inconcluso me aburría. En una parte volvemos al comienzo y casi al final te muestran lo que siempre supimos (murió su esposa, he ahí la razón de su gran pena y misteriosidad). Casi siempre estos juegos de saber y no saber dan buenos resultado, pero claramente en esta película no. Si alguien tiene pena y no sabe como quitársela es probable que en los últimos 15 minutos de siete almas llore, llore, llore. Para no aburrirse los minutos anteriores vaya avanzando, No se perderá de mucho.
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