Jamás NO es tanto tiempo.
Parte I "La gente y su buena obra"
Pasaban las siete de la mañana y un ruido molestó mi tranquilo sueño (y el de mi hermana que estaba a mi ladito). Nos paramos rápidamente y salimos de la pieza. Alguien había muerto pero con el sueño en mis ojos no lograba entender. Lo "lindo" de las muertes en el campo es que todos (literalmente TODOS) se lo toman a pecho, fuese o no amigo(a) o familiar de la familia, cada personaje de "la obra" (lugar donde vive mi abuela y en donde se desarrolla el suceso) sale y ayuda a la familia afectada. Tomé un poco de agua y llamé a mi papá para avisarle que la mamá de su amigo había fallecido, pero tan rápido corren las noticias que él ya sabía y en un rato viajaba de Santiago a Talca. Y así de rápido corren las noticias, cuando salí al corredor y luego a la calle la gente iba asomándose y corriendo a la casa de los Vistosos. Cada uno desarrolló alguna actividad, como limpiar, poner sillas, ordenar las flores, etc. No tengo como explicar la sensación que eso me dio... cada persona deja de lado su cama, sus labores, su trabajo y se reunen con sus vecinos para darles su mas sentido pésame. Acá en Stgo dificilmente veremos eso y me siento orgullosa y honrada de haber nacido en un lugar tan lindo y especial.
Parte II "Manuel"
Me comía la sensación de que todos se conocían y que si alguno de ellos el día anterior tuvo una rencilla, hoy la habían olvidado o dejado de lado por la muerte de una de las antiguas del lugar. Evangélicos eran la mayoría de los asistentes y cantaban canciones en nombre de Dios y hablaban cosas lindas y oportunas. Dentro del recinto no vi ninguna cruz, no se dejaban ninguna corona de caridad y no se rezaba ningún padre nuestro. La mujeres vestían de negro y blanco y cada cierto rato se paraban cuatro de ellas y se ponían junto al ataúd. Yo no era cercana a la muerta, pero si a un hijo de ella, más mis papás que se veían algo afectados. Pasó toda la noche con gente a su alrededor y al día siguiente partimos al cementerio. Una carabana de autos que transitaban lentamente no dejaban pasar a los comunes. Los carabineros nos ayudaban en nuestro más sinceros deseos de acompañar a la familia. seguimos el ataúd de cerca y más cerca de nosotros los músicos entonaban canciones bastantes tristes. Pasamos por donde estaba mi tata y no pude disimular mi tristeza. El resto del cuento lo resumo en penosos adióses y llantos de los nietos de la mujer. Yo recordé cada segundo del 2001, cuando yo estaba en la posición de esos nietos y no dude en llorar. Pasamos a ver a mi tata, y en un momento a solas le prometí con voz bajita que mi hijo llevaría su nombre, para que el lo protegiera y fuera un hombre fuerte pero sensible, inteligente y humilde. Que enredada, compleja y contradictoria es la vida. El miércoles en un funeral y mañana a un matrimonio. Me falta la guagua y estaría lista.
Estas cosas claramente me hacen cuestionar bastantes actitudes imbéciles que tengo a menudo. Cómo aprovechar más la vida?, cómo ser más feliz?, cómo jugar con el destino? y cómo no sufrir cuando uno cercano se me vaya nuevamente?.
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