Cuentos.
Acuoso
Una mujer bota sangre por la boca. La miro desde arriba. No se acompleja con los coágulos y los escupe en el piso. La sangre es interrumpida y ahora es el mar el que sale de su boca. Me doy vuelta. La casa se llena de ballenas y ella comienza a nadar. Se desnuda y ahora no es ella. Quizás es un pez o tal vez un bebé. Mi gato pasa por mi cabeza y me acomodo nuevamente. Miro desde mucho más arriba y ella ha vuelto y comienza a sangrar pero no por la boca sino que por la vagina. Amanece y yo dejo de mirar. Abro los ojos y efectivamente me ha llegado la menstruación.
Acuoso 2
Una mujer bota sangre por la boca. La miro desde arriba. No se acompleja con los coágulos y los escupe en el piso. La sangre es interrumpida y ahora es el mar el que sale de su boca. Me doy vuelta. La casa se llena de ballenas y ella comienza a nadar. Se desnuda y ahora no es ella. Quizás es un pez o tal vez un bebé. Mi gato pasa por mi cabeza y me acomodo nuevamente. Miro desde mucho más arriba y ella ha vuelto y comienza a sangrar pero no por la boca sino que por la vagina. Me mira desde arriba y yo nado por la casa al lado de la ballena que me comenta lo fuerte del mar y la hediondez de la sangre. Nos convertimos en una, puede ser que me haya comido pero ahora veo desde adentro como ella me observa desde más arriba y como comienza a transformarse en olas rugientes y en un gato que camina por la cabeza de alguien que no logro distinguir pero que bota sangre por la boca.
Cuentos.
Al unísono
Caminaban unidos, ni juntos ni al lado sino que uno sobre y otro atrás. Atrás se avergonzaba del que ahora mostraba la cara. Tanto se avergonzó que lo apuñaló por la espalda sintiendo un pinchando a medida que enterraba el cuchillo.
Cuentos.
El pintor
No nacer con alas es una dificultad más de la vida. A mis sesenta años he sabido reponerme de ese obstáculo pintando las alas de cientos de personas, animales y objetos. En mis primeros años de pintor me dedique a componer mis manos y dibujé escandalosas alas en distintas partes del mundo. Me he ganado la vida de buena forma a punta de pincel. Hoy, me ha llegado un mensaje de una compañera plumífera, Me ha dicho entre susurros que ha llegado la hora de pintar mis propias alas. En mi mente las llevo dibujadas por años y hoy llegó l día de plasmarlas. A mi asistente le pedido dos espejos gigantes y el pincel mas grueso que pueda conseguir.
Me he desnudado frente a los espejos. comienzo a esbozar las líneas de las plumas. Mi espalda está algo más vieja que la última vez que la vi. El pincel se confunde y da con la tinta precisa para las alas que me harán volar alto...
- Don Luis, se tiene que tomar los remedios...
-¡No me molestes, intrusa! No te he dado órdenes para que entres...
-Don Luis, no me levante la voz, los otros pacientes se asustan.
He mirado a mi alrededor y ya no estoy solo. La gaviota que me ha dado el mensaje ha volado y ahora me encuentro con humanos descascarándose. Los espejos han desaparecido, el pincel se esfumó de mis manos, pero el mensaje fue claro.
-No me mires así linda, me tengo que ir.
-Don Luis, es hora de dormir.
-Sí linda, es hora de volar.
Abro mis brazos, siento el aire en la cara, diviso en los altos a mis hermanas gaviotas extiendo mis alas, ya no existe dificultad.
Cuentos.
Cuento Nº6
(versión original)
Inteligencia gallinal.
Se acercaba la hora del almuerzo. La abuela había dispuesto matar a la axolotl, una gallina vieja que estaba lista para la cazuela. El tata tenía a todos los primos tratando de agarrarla, pero ella nada de tonta corría y corría para no ser alcanzada.
Parecía un juego entretenido hasta que por mi lado apareció el pololo de mi mamá. Él, tratando de impresionar a mi familia, tomó al animal con una mano y la colocó de cabeza delante de mi nariz. Me ladeé para comprender la expresión de la axolotl que extrañamente no cacareaba. Miré su cara con detención y puedo jurar que la gallina me sonrió. Mientras que la mano apretaba el cuello emplumado, ella se dormía con felicidad.
La abuela la tomó, la desplumo y todos esperaron dos horas para saborear a la gallina más inteligente que he conocido, excepto yo que me negué rotundamente a ser cómplice de tal acto asesino.
(versión 2)
Inteligencia gallinal
Si hubiese sabido el asesinato que ocurriría ese día, me hubieses quedado en la cama. Pero se acercaba la hora del almuerzo y la abuela había dispuesto pillar a la axolotl; una gallina vieja que estaba lista para la cazuela. El tata tenía a todos los primos tratando de agarrarla, pero ella nada de tonta corría y corría para no ser alcanzada.
Parecía un juego entretenido hasta que por mi lado apareció el pololo de mi mamá. Él, tratando de impresionar a mi familia, tomó al animal con una mano y la colocó de cabeza delante de mi nariz. Me ladeé para comprender la expresión de la axolotl que extrañamente no cacareaba. Miré su cara con detención y puedo jurar que la gallina me sonrió. Mientras que la mano apretaba el cuello emplumado, ella se dormía con felicidad.
La abuela la tomó, la desplumo y todos esperaron dos horas para saborear a la gallina más inteligente que he conocido, excepto yo que me negué rotundamente a ser cómplice de tal acto asesino.
(Ultima versión)
Asesinato.
Si hubiese sabido el asesinato que ocurriría ese día, me hubieses quedado en la cama. Pero se acercaba la hora del almuerzo y la abuela había dispuesto pillar a la axolotl; una gallina vieja que estaba lista para la cazuela. El tata tenía a todos los primos tratando de agarrarla, pero ella nada de tonta corría y corría para no ser alcanzada.
Parecía un juego entretenido hasta que por mi lado apareció el pololo de mi mamá. Él, tratando de impresionar a mi familia, tomó al animal con una mano y la colocó de cabeza delante de mi nariz. Me ladeé para comprender la expresión de la axolotl que extrañamente no cacareaba. Miré su cara con detención y puedo jurar que la gallina me sonrió. Mientras que la mano apretaba el cuello emplumado, ella se dormía con felicidad.
La sonrisa de la gallina desapareció mientras que la del asesino crecía y crecía, las carcajadas explotaban desde su boca llenándome de saliva la cabeza. Todos quedaron perplejos al ver tal acto de brutalidad, pero el hombre parecía no interesado en los demás.
Dejó caer a la axolotl a mis pies y yo la tomé con cuidado entre mis brazos. La lleve corriendo a mi pieza, allí la acomode en una cajita de su tamaño. Fui lejos de la casa para enterrarla y darle una sepultura a su altura.
Mientras ahora todos corrían buscándome a mi y a la axolotl, yo le rezaba dos padres nuestros y un ave maría para que la pobre gallina se fuera tranquila al cielo y no recordara su trágica muerte.
Cuentos.
Cuento Nº2(versión original)
El desprendimiento
Los calzones estaban manchados con sangre. Extraño para una mujer de setenta años. A los dolores no le dio importancia. Sufría de constantes jaquecas y unas puntadas en el estomago no la detendría para los quehaceres domésticos. Caminó por toda la casa. Limpió hasta el último florero y los dolores se hacían más intensos. Se acostó para descansar. Un repentino enfriamiento sintió por la entrepierna. Fue al baño notando manchas de sangre en el piso. De pronto algo cayó. Sintió un bulto entre las piernas, se sentó en la tina y se tocó. Era lo que ella temía, hace unas semanas venía sintiendo un desprendimiento en la vagina y hoy se hacía presente completamente. A la señora se le había caído el útero, algo común en mujeres de su edad, para ella un mal del demonio. Se sacó los calzones como pudo y volvió el útero a su posición. Se lavó las manos, se miro al espejo. A esta señora no sólo se le había desprendido el útero, se le cayó hasta el alma de desconcierto.
(versión 2)
Periodo nuevo
Los calzones estaban manchados con sangre. tres golpes en la puerta desviaron su mirada, la estaban apurando para ocupar el baño. Tiró la cadena para no llamar la atención y salió. Las copas chocaban, era año nuevo. Se sonrojaba cada vez que sus hijos se reían, pensando que alguien había descubierto su secreto. Por un momento olvidó lo ocurrido y escuchó a su nieta comentarle a una prima que le había llegado su primer periodo. Pensó en lo rápido que se había hecho mujer y en lo mucho que le quedaba para vivir lo que ella estaba viviendo. La nieta notó la mirada perdida de su abuela y la invitó a bailar. Se paró y comenzño a menearse. Un repentino enfriamiento sintió por la entrepierna. La nieta advirtió la incomodidad de su abuela, la tomó del brazo y comenzaron a caminar hacía el baño. La gente observaba la escena, pero en ese momento nada importaba, en pleno pasillo sintió que el útero se le había caído. Se subió el vestido y con la mano volvió el órgano a su posición. La gente sorprendida no hizo más que mirar. La nieta que había presenciado todo con lujo y detalle concluyó que a la abuelita le había llegado el periodo y que los calzones con sangre era normal en una situación así.
(Ultima versión)
Periodo nuevo
Los calzones estaban manchados con una sangre más roja que la habitual. Tres golpes en la puerta desviaron su mirada, la estaban apurando para ocupar el baño. tiró la cadena para no llamar la atención y salió. Las copas chocaban, era víspera de año nuevo. Se sonrojaba cada vez que sus hijos reían, pensando que alguien había descubierto su secreto. Sus nietos corrían por la sala, los vidrios rotos los recogían con la pala. El perro ladraba en el patio anunciando la llegada de más visita y ella se hundía en el sillón. Juntó las piernas lo más que pudo, su posición era extraña pero nadie le decía nada. La gente comenzó a volverse más grande más gritona, todos estaba efusivos para recibir el año nuevo y ella sólo sentía su entrepierna pegajosa. No entendió como su hijo la levantó de su asiento, pero el abrazo fue tan apretado que ella no entendió si fue por la fuerza o la alegría que su útero se había desprendido completamente. El rojo de su cara lentamente se comenzaba a comparar con los de los calzones manchados.
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