26 nov 2009

10.29.2009




Una mujer tonta con sabor a humo

Hace días no acercaba humo a sus pulmones. La primera "quemá" la llenó de recuerdos felices de carretes múltiples pero vagos. La segunda con mayor esfuerzo le recordó a él, su cuerpo desnudo después del carrete con sabor a tabaco. Abrió los ojos extasiada y miro al final del patio. Sus ojos difuminaron la vista, ni por lágrimas, ni por cansancio (tal vez un poco) fue la sensación orgásmica del cigarro. Luego de eso se sintió vacía y tonta. Todo el mundo pensaba lo contrario pero a ella le dieron ganas de gritar que no tenía cabeza suficiente para escribir una tesis, mucho menos para aprender cada concepto. Se vio en un futuro próximo llorando junto a su compañero de trabajo gritando disculpas y haciendole entender que ella era una tonta extrema, que no podía más y que no entendía cómo había llegado a esa instancia. Para lo único que era buena -dijo- es escribiendo estupideces y pensando en sexo o en alguna película que la hiciera soñar. En eso nadie le ganaba, soñando idioteces. El cigarro casi se consumía y pensó que su compañero no merecía eso, que mejor no le decía nada y hacía un intento por terminar los puntos restantes. Miró a una esquina y vio como su gato dormía plácidamente, casi de forma burlesca hacía ella. Respiraba profundo y parecía fresco. Quiso ser gato y se lamentó no haber nacido de otra especie, cualquier otra menos lo que era en ese momento, Una mujer tonta.

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