26 nov 2009

10.25.2009


Raque, Iris, Verónica y yo

Un personaje precioso, que conmueve, que hace reír, que hace pensar y reaccionar. Mi reacción fue recordar que toda mi vida he crecido al lado de "nanas"; Iris, mi abuela es nana desde que tengo memoria. Ha trabajado toda la vida en la misma casa, ha criado a sus hijos y a los hijos de sus patrones. Ha vivido dos realidades paralelas, dos lenguajes distintos, ha sido capaz de llevar dos casas a la vez. Mujer como ella sola, ha sufrido la perdida de tres hijos y hace poco la de su marido (mi abuelo Manuel). Pero ella sigue en pie y con 70 años en el cuerpo sigue trabajando de nana. Una labor hermosa pero muy mal vista, llena de prejuicios a causa de gente que se cree superior. Mi madre Verónica también ha sido una especie de nana, y al igual que mi abuela lleva casi dos casas a la vez. Se dedica a cuidarle y criarles los hijos a otros, a diferencia de las nanas normales, mi mamá no se tiene que mover de su verdadero hogar y aparte de hacer el aseo y cumplir todas las funciones de una mamá con tres hijos y un casi esposo, ella hace de profesora, de chef, de limpiadora, de sicóloga y quién sabe de cuantas cosas más. Tiene más de diez niños en su cuidado y de todas las edades y mentes. Cada uno es una historia especial y de esa raíz yo y mi hermana también somos nanas, pero por hora y a domicilio. Cuidamos niños, les hace clases, los entretenemos para sus cumpleaños y ganamos luca la hora. Es probable que cuando grandes, la mayoría tengamos una "nana" quizá no puertas adentro, pero si alguna mujer de confianza que nos ayude a llevar la vida. Porque las nanas no son sólo una herramienta para el orden físico del hogar, son parte de las vidas de los elementos que constituyen ese hogar y esa familia con suerte, si sabe darse cuenta de lo que tiene, sacará provecho de sus servicios.

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