25 nov 2009

10.21.2007


Pasado

Fue el oído el que atentó sobre ella.
Fue la fiebre la que no quiso llegar.
Fue helada la primera noche de primavera,
sus piecitos destapados sin cuidar.
Fue la boca que no cesó de creer.
Fue la miel la que no endulzo el ultimo beso.
Fueron sus ojos los de palabras asesinas.
Fue la risa el llanto que aqueja su corazón.
Fuiste tú quien no corrió al verla
Fuiste tú quien no quiso creer
Fuiste tú el que tomo la herida
Fuiste tú para jamas volver.

Estampadas.

Eran tres, pero de las tres no hacían una. Parecían niñas de otro lugar, uno nuevo y lejano. Compartieron risas y secretos, una tarde en donde el sol no paraba de brillar. Las ilusiones se fueron apagando a medida de que el efecto se iba disolviendo. Pero la alegría de ese día perfecto seguía en sus mentes. Una de ellas decía que solo les faltaba las poleras con estampados como las de la ropa amaricana y parecerían niñas de películas; de esas gringas en donde hablan cosas de chicas, y pelan a los hombres y en donde la palabra sexo no sonroja a nadie.
Les gustó sentir que por fin pertenecían, que ese era su propio lugar y que nadie podría borrar esos recuerdos perfectos de una tarde de primavera.

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